El crecimiento económico en el tercer mundo capitalista Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 19-01-2009 |

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El crecimiento económico en el tercer mundo capitalista

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 19-01-2009 | 

Si el capitalismo de estado , en la cosmovisión del ala política del CONEP y sus satélites ,   por ejemplo, pasa por diferentes estadios normativos y sustantivos los albores  del siglo 21 son el momento de reducir la intensidad y las consecuencias perjudiciales  de los monopolios nacionales , y de que todas las clases  medias y todos los trabajadores abracen , incluso celebren la existencia de otros modelos  socio políticos y económicos alternativos, diferentes a ellos: el pluralismo y el multiculturalismo, valores completamente distintos  del nihilismo filosófico y moral que caracteriza las diversas modalidades  del  relativismo económico de mercado libre en la agenda y en el proyecto hegemónico del corporativismo transnacional de derechas. 


Si las elites  del país,   el ala política de la iglesia Católica y sus intelectuales orgánicos,  por ejemplo, quieren evitar una repetición de su error decimonónico en el siglo 21, han de abstenerse de efectuar maniobras obstruccionistas de retaguardia en defensa de su anacrónica intolerancia exclusivista.


 Tendrían que abrazar la democracia económica con sus múltiples posibilidades, aceptando y congratulándose de la existencia de numerosos caminos hacia el progreso humano.  Si algo ha demostrado el capitalismo de estado con su intolerancia y su desdén, es que el camino hacia el desarrollo colectivo esta pavimentado con un presunto monopolio del camino al progreso individual.
 Los múltiples atributos del capitalismo de estado se confunden en su carácter de institución política, que practica una política economica regresiva y autoritaria. Su principal delito, consistente en contribuir,  aun de manera inintencionada ,   a provocar el sufrimiento masivo de millones de dominicanos se debió a la naturaleza política de los monopolios nacionales.
 Desde el periodo del nacional socialismo, 1916-1961 ,     hasta el periodo sangriento de  guerra fría, 1962-1978 , respaldo el régimen paramilitar. Se negó sistemáticamente a interpelar con franqueza al poder asesino. Si el capitalismo de estado aspira por fin a llegar a la genuina institución moral que reclama  ser,  lo cual supone probablemente una necesidad practica de restitución, incluyendo la del tipo moral a los consumidores, ha de emprender entonces una campaña nacional de examen de conciencia y escrutinio moral orientados a volver al camino recto.
 Una investigación rigurosa de los monopolios nacionales, por ejemplo, habría de incluir necesariamente una revisión del núcleo doctrinal y filosófico de los fondos de pensiones y de las evasiones y sus respectivas especulaciones   . Cualquier análisis de este asunto encontraría un fértil punto de partida en la exhortación de las clases medias y  los trabajadores y, al CENTRO JUAN MONTALVO ,por ejemplo,  a la celebración de una Cumbre Nacional Alternativa, más allá de las elites del país, con el fin de contemplar y ampliar considerablemente la tarea iniciada por Impuestos Internos e Industria y Comercio.
 Las clases medias y los trabajadores han confrontado el problema de las altas tasas de interés, los altos precios de los alimentos y las medicinas y los alquileres en el especulativo mercado de valores.
 En las falsas y perniciosas actitudes y practicas monopólicas para con la Micro Empresa, por ejemplo, no ve tan solo un problema fundamental sino el principal problema para la concentración de capitales, que ha sido a lo largo de su historia y continua siendo la raíz de su intolerancia y de muchas practicas indignas hacia las clases medias y los trabajadores, hacia las mujeres, y, muchos otros temas y colectivos humanos.
 La gobernación del Banco Central, por ejemplo, establece que la autentica reforma capitalista, definida como la conformación de algo acorde con su propia esencia, está vinculada a los monopolios financieros , a una minoría de oligarcas, aunque no sea más que porque la perversión de los mercados ha estado claramente ligado al sufrimiento de las clases medias y los trabajadores desde el comienzo de la privatización del estado.
 Es preciso modificar todas las facetas del capitalismo de estado y de otras versiones del transnacionalismo neoliberal  capaces de promover y profundizar la brecha social.  Permítaseme volver a subrayar que, en el plano social y cultural, el capitalismo de estado, en la cosmovisión del ala política del CONEP, por ejemplo, ha sido regresivamente impresionante.
 A juicio del Poder Ejecutivo , por ejemplo, la rectificación del capitalismo de estado en relación con el desarrollo humano es un requisito previo, un primer paso inexcusable para enderezar el rumbo en otros muchos aspectos sociales relevantes.
 El Banco Central, por ejemplo, ha acertado al considerar el crecimiento económico como una cuestión clave. Pero, en la interpretación de la gobernación del Banco Central, que invierte la concepción que el capitalismo de estado tiene de sí mismo, la cuestión del gasto social sigue siendo un asunto capital, incluso la clave política para la estabilidad de los monopolios.
 El camino hacia la felicidad de las clases medias y los trabajadores, que sigue siendo asunto exclusivo del poder popular, de las amas de casa, por ejemplo, es tan legítimo como el camino del cambio social, político y económico.
 El capitalismo de estado solo puede convertirse en una institución moral cuando supere de forma determinante y libre de ambigüedades su propia actitud carroñera, no solo en su discurso sino también en sus creencias, enseñanzas y prácticas cotidianas.
 En verdad, dominicanos, el capitalismo de estado,  no desaparecerá, nunca existió.                       

 

 

 

Origen Social y Político del Paro y la Extorsión

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 02-01-2009 | 

Por grande que sea la esencial culpabilidad histórica de la Oficina Nacional de Transporte  Terrestre por sus notables incapacidades, entre ellas las que contribuyeron al robo de los dineros públicos,  la del cartel de propietarios privados del transporte de masas es inconmensurablemente mayor. Es bien sabido que los gobiernos nacionales de posguerra han dado a estas mafias políticas grandes cantidades en concepto de sobornos, en un total que asciende ahora a miles de millardos de pesos.


 Aunque las pérdidas materiales de repuestos y combustibles, por ejemplo, eclipsan los pagos que estos convictos han recibido, El Estado ha dado una gran cantidad de dinero. Tras los juicios del plan Renove, por ejemplo, dirigidos por el Bi partidismo de derechas, el estado empezó a investigar de manera sistemática a los perpetradores coyunturales de estas mafias, y de otros, llevando a juicio a muchos de ellos. Aunque las autoridades de la Justicia, influida por los políticos, en general limitaron sin escrúpulos las acusaciones a quienes estaban en posición de mando y las sentencias pronunciadas por los jueces fueron a menudo ridículamente leves, el estado por lo menos estableció el principio de que los criminales habían de ser castigados y actuó con cierta energía en virtud de dicho principio.
Dejando a un lado los componentes materiales  y legales de los indultos, que si bien no tan conocidos como debieran son al menos reconocidos y descritos como tales, vemos que el capitalismo de estado también se ha comprometido de manera sustancial  en la restitución social y en diversas formas de restitución moral de los tipos aquí exigidos, aun cuando estos acuerdos políticos no se concibieran ni describieran específicamente como indultos e incluso aun cuando sigan sin ser reconocidos como tales.


 Políticamente, el gobierno dominicano 2004-2012, que construyo las vías comunitarias y de comunicación en todo el territorio nacional,  ha ofrecido una considerable restitución: un apoyo político a las clases medias bajas y a los trabajadores,  tanto en la provincia de Santo Domingo, Santiago y el Distrito Nacional, ayudándolos a construir nuevas vías de acceso y mantener y aumentar las rutas disminuidas.
El Estado, en reflejo del pensamiento menos absolutista sobre la libertad de explotación capitalista, declaro ilegal obstaculizar las rutas de transporte turístico,  por  ejemplo,  oralmente o por escrito, una prohibición que fue proscrita durante décadas de sobornos.
 Con ello creó una esfera pública casi enteramente desprovista de intermediarios. También se incluyo subsidios al Diesel y al GLP y  al pasaje que constituyen la ingobernabilidad y la crisis de autoridad, aunque, en verdad, limita la acción política del Cartel.


 Las autoridades políticas y los medios de comunicación no han educado a los usuarios del transporte privado ni del público, hasta ahora, en los horrores del Paro y la extorsion.Esto no equivale a decir que la educación vial sea de primera clase en todos los aspectos  o que no haya corrupción y falta de voluntad para combatir al Cartel en serio, tanto dentro del gobierno dominicano 2004-2012, como en amplias franjas de la sociedad civil pro PRD, por supuesto.
 Es casi un axioma de la sociedad pos moderna que durante la época del transporte inter- urbano los carteles del transporte cometieron crímenes sociales y para los cuales no existe justificación de ninguna clase, Onatrate, por ejemplo.


 Durante décadas ha habido en el estado, en términos generales, un malogrado servicio de transporte publico, Omsa, por ejemplo, sobre todo fuera de la capital, de las nuevas transacciones políticas del  Bi partidismo, del significado económico de la semaforizacion, así como en la policía política del régimen, AMET, por ejemplo, un cuerpo militar represivo que con regularidad ha tenido que actuar con las manos atadas.
 AMET, por ejemplo, se ha rehecho en lo fundamental, alterando sus estructuras corrompidas, prácticas ilegales y doctrinas básicas. Ha reemplazado unas prácticas autoritarias por el estado de derecho, dentro de lo posible, incluyendo una protección legal de los propietarios de vehículos de motor y un modelo de cooperación junto a la ciudadanía. En lo esencial, lo que ha hecho el gobierno dominicano es redefinir y reconstruir política, social y culturalmente su sociedad primitiva, convirtiendo las ciudades en lugares de fácil desplazamiento aunque, en verdad, el transporte terrestre es un desastre.
 El estado ha ofrecido importantes compensaciones, jurídicas, políticas, sociales y morales al cartel del transporte , teniendo siempre presente que en modo alguno podría compensarles ni siquiera por una pequeña fracción de los crímenes y otras ofensas de estas mafias contra las clases medias bajas y los trabajadores.
El análisis de la situación actual podría ir acompañado de múltiples hipótesis que revelarían  que el estado no ha hecho bastante , que muchas veces ha actuado a espaldas de su propia sociedad, al servicio de los más oscuros intereses y sin convicción moral y que, en un principio y durante largo tiempo, la Oficina Nacional de Transporte Terrestre , actuó sobre todo debido a la presión electoral de la oposición, de la opinión pública amarilla y de otros grupos transaccionales del cartel y por consideración de los importadores , sus intereses y bienestar.
 Dicho análisis necesitaría de una reflexión de por que los gobiernos nacionales de pos guerra concedieron, al cartel del transporte, que operaba con estrecha colaboración con el Congreso ,explotando licencias del estado , repartiendo comisiones y aprobando prestamos al vapor, por ejemplo, privilegios que excedían en mucho el gasto social: medicinas y libros, por ejemplo. El gobierno dominicano, 2004-2012, por ejemplo, no ha sido derribado por quienes supuestamente enarbolan el inexistente garrote moral, porque al concluir la primera fase política del hundimiento Bi-partidismo transaccional de derechas, la opinión pública  liberal se puso de pies ante el populismo con entusiasmo. 


Hay un reconocimiento general en el país de que es moralmente necesario acometer la restitución de la democracia y a la sociedad toda en el amplio sentido en que he utilizado aquí el termino.      

 

 

 

El crecimiento económico en el tercer mundo capitalista

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 19-01-2009 | 

Si el capitalismo de estado , en la cosmovisión del ala política del CONEP y sus satélites ,   por ejemplo, pasa por diferentes estadios normativos y sustantivos los albores  del siglo 21 son el momento de reducir la intensidad y las consecuencias perjudiciales  de los monopolios nacionales , y de que todas las clases  medias y todos los trabajadores abracen , incluso celebren la existencia de otros modelos  socio políticos y económicos alternativos, diferentes a ellos: el pluralismo y el multiculturalismo, valores completamente distintos  del nihilismo filosófico y moral que caracteriza las diversas modalidades  del  relativismo económico de mercado libre en la agenda y en el proyecto hegemónico del corporativismo transnacional de derechas. 


Si las elites  del país,   el ala política de la iglesia Católica y sus intelectuales orgánicos,  por ejemplo, quieren evitar una repetición de su error decimonónico en el siglo 21, han de abstenerse de efectuar maniobras obstruccionistas de retaguardia en defensa de su anacrónica intolerancia exclusivista.


 Tendrían que abrazar la democracia económica con sus múltiples posibilidades, aceptando y congratulándose de la existencia de numerosos caminos hacia el progreso humano.  Si algo ha demostrado el capitalismo de estado con su intolerancia y su desdén, es que el camino hacia el desarrollo colectivo esta pavimentado con un presunto monopolio del camino al progreso individual.
 Los múltiples atributos del capitalismo de estado se confunden en su carácter de institución política, que practica una política economica regresiva y autoritaria. Su principal delito, consistente en contribuir,  aun de manera inintencionada ,   a provocar el sufrimiento masivo de millones de dominicanos se debió a la naturaleza política de los monopolios nacionales.
 Desde el periodo del nacional socialismo, 1916-1961 ,     hasta el periodo sangriento de  guerra fría, 1962-1978 , respaldo el régimen paramilitar. Se negó sistemáticamente a interpelar con franqueza al poder asesino. Si el capitalismo de estado aspira por fin a llegar a la genuina institución moral que reclama  ser,  lo cual supone probablemente una necesidad practica de restitución, incluyendo la del tipo moral a los consumidores, ha de emprender entonces una campaña nacional de examen de conciencia y escrutinio moral orientados a volver al camino recto.
 Una investigación rigurosa de los monopolios nacionales, por ejemplo, habría de incluir necesariamente una revisión del núcleo doctrinal y filosófico de los fondos de pensiones y de las evasiones y sus respectivas especulaciones   . Cualquier análisis de este asunto encontraría un fértil punto de partida en la exhortación de las clases medias y  los trabajadores y, al CENTRO JUAN MONTALVO ,por ejemplo,  a la celebración de una Cumbre Nacional Alternativa, más allá de las elites del país, con el fin de contemplar y ampliar considerablemente la tarea iniciada por Impuestos Internos e Industria y Comercio.
 Las clases medias y los trabajadores han confrontado el problema de las altas tasas de interés, los altos precios de los alimentos y las medicinas y los alquileres en el especulativo mercado de valores.
 En las falsas y perniciosas actitudes y practicas monopólicas para con la Micro Empresa, por ejemplo, no ve tan solo un problema fundamental sino el principal problema para la concentración de capitales, que ha sido a lo largo de su historia y continua siendo la raíz de su intolerancia y de muchas practicas indignas hacia las clases medias y los trabajadores, hacia las mujeres, y, muchos otros temas y colectivos humanos.
 La gobernación del Banco Central, por ejemplo, establece que la autentica reforma capitalista, definida como la conformación de algo acorde con su propia esencia, está vinculada a los monopolios financieros , a una minoría de oligarcas, aunque no sea más que porque la perversión de los mercados ha estado claramente ligado al sufrimiento de las clases medias y los trabajadores desde el comienzo de la privatización del estado.
 Es preciso modificar todas las facetas del capitalismo de estado y de otras versiones del transnacionalismo neoliberal  capaces de promover y profundizar la brecha social.  Permítaseme volver a subrayar que, en el plano social y cultural, el capitalismo de estado, en la cosmovisión del ala política del CONEP, por ejemplo, ha sido regresivamente impresionante.
 A juicio del Poder Ejecutivo , por ejemplo, la rectificación del capitalismo de estado en relación con el desarrollo humano es un requisito previo, un primer paso inexcusable para enderezar el rumbo en otros muchos aspectos sociales relevantes.
 El Banco Central, por ejemplo, ha acertado al considerar el crecimiento económico como una cuestión clave. Pero, en la interpretación de la gobernación del Banco Central, que invierte la concepción que el capitalismo de estado tiene de sí mismo, la cuestión del gasto social sigue siendo un asunto capital, incluso la clave política para la estabilidad de los monopolios.
 El camino hacia la felicidad de las clases medias y los trabajadores, que sigue siendo asunto exclusivo del poder popular, de las amas de casa, por ejemplo, es tan legítimo como el camino del cambio social, político y económico.
 El capitalismo de estado solo puede convertirse en una institución moral cuando supere de forma determinante y libre de ambigüedades su propia actitud carroñera, no solo en su discurso sino también en sus creencias, enseñanzas y prácticas cotidianas.
 En verdad, dominicanos, el capitalismo de estado,  no desaparecerá, nunca existió.                       

 

 

 

 

Origen Social y Político del Paro y la Extorsión

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 02-01-2009 | 

Por grande que sea la esencial culpabilidad histórica de la Oficina Nacional de Transporte  Terrestre por sus notables incapacidades, entre ellas las que contribuyeron al robo de los dineros públicos,  la del cartel de propietarios privados del transporte de masas es inconmensurablemente mayor. Es bien sabido que los gobiernos nacionales de posguerra han dado a estas mafias políticas grandes cantidades en concepto de sobornos, en un total que asciende ahora a miles de millardos de pesos.


 Aunque las pérdidas materiales de repuestos y combustibles, por ejemplo, eclipsan los pagos que estos convictos han recibido, El Estado ha dado una gran cantidad de dinero. Tras los juicios del plan Renove, por ejemplo, dirigidos por el Bi partidismo de derechas, el estado empezó a investigar de manera sistemática a los perpetradores coyunturales de estas mafias, y de otros, llevando a juicio a muchos de ellos. Aunque las autoridades de la Justicia, influida por los políticos, en general limitaron sin escrúpulos las acusaciones a quienes estaban en posición de mando y las sentencias pronunciadas por los jueces fueron a menudo ridículamente leves, el estado por lo menos estableció el principio de que los criminales habían de ser castigados y actuó con cierta energía en virtud de dicho principio.
Dejando a un lado los componentes materiales  y legales de los indultos, que si bien no tan conocidos como debieran son al menos reconocidos y descritos como tales, vemos que el capitalismo de estado también se ha comprometido de manera sustancial  en la restitución social y en diversas formas de restitución moral de los tipos aquí exigidos, aun cuando estos acuerdos políticos no se concibieran ni describieran específicamente como indultos e incluso aun cuando sigan sin ser reconocidos como tales.


 Políticamente, el gobierno dominicano 2004-2012, que construyo las vías comunitarias y de comunicación en todo el territorio nacional,  ha ofrecido una considerable restitución: un apoyo político a las clases medias bajas y a los trabajadores,  tanto en la provincia de Santo Domingo, Santiago y el Distrito Nacional, ayudándolos a construir nuevas vías de acceso y mantener y aumentar las rutas disminuidas.
El Estado, en reflejo del pensamiento menos absolutista sobre la libertad de explotación capitalista, declaro ilegal obstaculizar las rutas de transporte turístico,  por  ejemplo,  oralmente o por escrito, una prohibición que fue proscrita durante décadas de sobornos.
 Con ello creó una esfera pública casi enteramente desprovista de intermediarios. También se incluyo subsidios al Diesel y al GLP y  al pasaje que constituyen la ingobernabilidad y la crisis de autoridad, aunque, en verdad, limita la acción política del Cartel.


 Las autoridades políticas y los medios de comunicación no han educado a los usuarios del transporte privado ni del público, hasta ahora, en los horrores del Paro y la extorsion.Esto no equivale a decir que la educación vial sea de primera clase en todos los aspectos  o que no haya corrupción y falta de voluntad para combatir al Cartel en serio, tanto dentro del gobierno dominicano 2004-2012, como en amplias franjas de la sociedad civil pro PRD, por supuesto.
 Es casi un axioma de la sociedad pos moderna que durante la época del transporte inter- urbano los carteles del transporte cometieron crímenes sociales y para los cuales no existe justificación de ninguna clase, Onatrate, por ejemplo.


 Durante décadas ha habido en el estado, en términos generales, un malogrado servicio de transporte publico, Omsa, por ejemplo, sobre todo fuera de la capital, de las nuevas transacciones políticas del  Bi partidismo, del significado económico de la semaforizacion, así como en la policía política del régimen, AMET, por ejemplo, un cuerpo militar represivo que con regularidad ha tenido que actuar con las manos atadas.
 AMET, por ejemplo, se ha rehecho en lo fundamental, alterando sus estructuras corrompidas, prácticas ilegales y doctrinas básicas. Ha reemplazado unas prácticas autoritarias por el estado de derecho, dentro de lo posible, incluyendo una protección legal de los propietarios de vehículos de motor y un modelo de cooperación junto a la ciudadanía. En lo esencial, lo que ha hecho el gobierno dominicano es redefinir y reconstruir política, social y culturalmente su sociedad primitiva, convirtiendo las ciudades en lugares de fácil desplazamiento aunque, en verdad, el transporte terrestre es un desastre.
 El estado ha ofrecido importantes compensaciones, jurídicas, políticas, sociales y morales al cartel del transporte , teniendo siempre presente que en modo alguno podría compensarles ni siquiera por una pequeña fracción de los crímenes y otras ofensas de estas mafias contra las clases medias bajas y los trabajadores.
El análisis de la situación actual podría ir acompañado de múltiples hipótesis que revelarían  que el estado no ha hecho bastante , que muchas veces ha actuado a espaldas de su propia sociedad, al servicio de los más oscuros intereses y sin convicción moral y que, en un principio y durante largo tiempo, la Oficina Nacional de Transporte Terrestre , actuó sobre todo debido a la presión electoral de la oposición, de la opinión pública amarilla y de otros grupos transaccionales del cartel y por consideración de los importadores , sus intereses y bienestar.
 Dicho análisis necesitaría de una reflexión de por que los gobiernos nacionales de pos guerra concedieron, al cartel del transporte, que operaba con estrecha colaboración con el Congreso ,explotando licencias del estado , repartiendo comisiones y aprobando prestamos al vapor, por ejemplo, privilegios que excedían en mucho el gasto social: medicinas y libros, por ejemplo. El gobierno dominicano, 2004-2012, por ejemplo, no ha sido derribado por quienes supuestamente enarbolan el inexistente garrote moral, porque al concluir la primera fase política del hundimiento Bi-partidismo transaccional de derechas, la opinión pública  liberal se puso de pies ante el populismo con entusiasmo. 


Hay un reconocimiento general en el país de que es moralmente necesario acometer la restitución de la democracia y a la sociedad toda en el amplio sentido en que he utilizado aquí el termino.      

 

 

 

 

Evolución social de los partidos políicos

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 06-12-2008 | 

Aunque algunos socialdemócratas y socialcristianos y del oficialismo de derechas progresistas aseguran que la democracia electoral puede encontrar la paz social por medio del populismo de estado, y aunque los representantes del capitalismo de estado dejan caer de vez en cuando insinuaciones de que tal cosa es posible, la historia política contemporánea de posguerra es inequívoca a la hora de afirmar que:” ….No hay en los siglos otro nombre distinto al de la revolución, dado por los pueblos al cambio, por el que el continuismo deba salvarse…” 

La doctrina del bipartidismo, fiel al populismo transaccional de derechas, y que hoy cuenta con casi medio siglo de construcción, es firme e inequívoca, el PRSC, por ejemplo. En la posguerra declaraba que el sector liberal de izquierdas no puede alcanzar el poder en la democracia electoral mediante el sufragio. Dice mas...” fuera del capitalismo de estado no hay democracia”…. Admite una posible excepción solo para los que no siendo de derechas, o de izquierdas o de lo que sea, ignoran, de buena fe, no conocen el evangelio del populismo de estado ni su evolución.

Si esta y otras declaraciones doctrinales del populismo de derechas excluyen a las mayorías de izquierdas o no, de la participación, como claramente pretenden, desde luego, las mayorías que formen parte de la matrícula de los partidos políticos están condenadas. 

Así, el populismo transaccional marginal declara que: “…el transfugismo es necesario para la salvación del sistema de partidos políticos y de aquellos que han proclamado el bipartidismo y que han tenido la posibilidad de pedir este sacramento”. No se ve como esto no habría de excluir a las mayorías. 

La doctrina del conservadurismo de derechas sobre el descenso de la democracia al abismo electoral anuncia la esperada división del PRD, como hacen los socialcristianos hoy día, por ejemplo, y lo hacían también en vida de Balaguer; y también cuando los autores del continuismo socialdemócratas escribieron los textos constitucionales de la reelección, 1978-1986, por ejemplo, cuyos intelectuales parecen haber incorporado viejos conceptos ideológicos a la reforma pensando precisamente en el bipartidismo, 2000-2004, por ejemplo. 

La socialdemocracia de derechas y otros de la sociedad civil son obviamente conscientes de que algunos políticos liberales e independientes están adoptando posiciones pluralistas en lo tocante a la reelección presidencial y del descontento en el seno del capitalismo de estado entre quienes estarían dispuestos a obviar, aunque fuera levemente, el monopolio absoluto de la continuidad, presuntamente ostentado por el conservadurismo. Por qué? Porque los partidos políticos carecen de un orden institucional o eficacia estatutaria para dirimir la participación. 

Así pues, en el bipartidismo no puede haber ningún mal entendido; el populismo de estado declaraba en 2000-2004: “Las soluciones que proponen una acción a favor de la reelección, de la construcción de un discurso bipolar, PRD-PLD, por ejemplo, es la única mediación de la representatividad electoral, no ejecutarlo de esa manera sería contrario al capitalismo de estado.” ¿Es realmente demasiado pedir que el capitalismo de estado anuncie la anulación y la sustitución del populismo con tanta claridad y contundencia como esté a su mano? 

La angustia de la cuestión radica en la constitución capitalista, con su relativismo transnacional y sus pronunciamientos e implicaciones acerca de su naturaleza política y su eterna polarización. Estamos en presencia de un tema único, especialmente único para las actuales generaciones. ¿Qué hacer con los textos constitucionales inductores de la continuidad en democracia, que figuran en una reforma capitalista que sirve de base a un sistema político infuncional, un aparato populista al que se le presume igualdad? 

La posición del capitalismo de estado en la actualidad, expresada solo a medias, consiste en ganar tiempo a la hora de analizar la reforma constitucional, esquivando el tema de la continuidad, intentando poner la mejor cara del auge y caída del capitalismo de estado e instruyendo al Poder Legislativo para que hable en unos términos no enteramente acordes con, es decir, harto mas positivos que, o sencillamente opuestos a lo que dice la derecha transaccional sobre la participación. 

Por loable que se revele esta estrategia, no es sincera ni totalmente efectiva ni siquiera lo bastante efectiva. No es sincera porque la continuidad ha demostrado, a lo largo de la historia, que sigue propagando el bipartidismo en lugar de la participación. No es efectiva, en parte, porque el capitalismo de estado, en sus enseñanzas, no se muestra dispuesto en absoluto a llegar al fondo de la cuestión. Sigue insistiendo en una imaginaria versión de la democracia, de su prejuicio a los discursos alternativos y seguramente obstruye la participación. Sigue manteniendo que todo lo que contiene la reforma constitucional es cierto, lo cual, aunque no se afirme explícitamente, incluye aseveraciones deshumanizadoras e incendiarias acerca del capitalismo.

Así pues, aunque las enseñanzas actuales del populismo de derechas no refrenden de manera explícita su desapego por la participación y en ocasiones, incluso, discrepe de estos aspectos en la reforma constitucional, el Estado, al enseñar a las mayorías que el contenido de su filosofía es verdad, es decir, es la palabra de Dios, está de hecho alentando la exclusión. El constitucionalismo de posguerra no es algo anecdótico sino constitutivo del capitalismo de estado, de su crónica de la vida y muerte del pensamiento político de derechas, así como de sus difusos mensajes acerca de la democracia.


 

 

 

 

 

La crisis social y el advenimiento de una nueva era política

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 02-12-2008 | 

Dado que solo el 60 por ciento de los dominicanos con derecho a ejercer el sufragio legitimó la democracia electoral, el 40 por ciento negó la relación entre la importancia porcentual y la devoción al sistema de partidos políticos. Los dominicanos refrendaron la democracia electoral en porcentajes que adquieren menor importancia porcentual que los que son devotos al populismo. 

La buena noticia de la democracia electoral es que los jóvenes rechazan a los partidos políticos mucho más que la gente de edad. Sin embargo, al sondear la naturaleza de la apatía electoral de pos guerra con más profundidad que los superficiales datos de la propaganda y los estudios de opinión y de mercado se concluyo que los dominicanos más jóvenes siguen fundando su desapego al populismo de estado en las negativas descripciones de la democracia electoral, el PRSC, por ejemplo.

En los medios de comunicación, un sector conservador de derechas, en el cual la educación acerca de la época del terrorismo de estado ha sido menos extensa que en el siglo 21, la propaganda estatal al servicio de la plutocracia no decía en 1994, por ejemplo, que fuera un error sostener que Joaquín Balaguer Ricardo sigue siendo el referente mas visible del descreimiento de los dominicanos por el populismo de estado. 

Los jóvenes de clase alta son notablemente menos devotos en su proselitismo. Comparados con otros estratos sociales menos favorecidos han sido de tendencia revolucionaria, menos creyentes en el sufragio electoral y muy dados a obviar al populismo de estado. En los jóvenes de clase alta la tendencia se da al cambio radical de paradigmas. 

Con todo, actualmente el 40 por ciento de la oposición social demócrata de derechas sigue considerando al oficialismo culpable de la ingobernabilidad. Un 5 por ciento del social cristianismo de derechas esta seguro de su total desaparición. Un 9 por ciento de la derecha transaccional marginal esta completamente segura de la existencia del peligro de la polarización y el advenimiento de poderosos movimientos sociales y políticos. 

Precisamente, de estos datos sobre las tendencias ideológicas y el cambio radical a favor de las mayorías, República Dominicana, un país con una población de unos 9 millones de habitantes y, con una población flotante de 2 millones de inmigrantes, se puede deducir que muchas decenas de miles de potenciales votantes y en concreto la aceleración de la explosión demográfica impulsara una democracia mas participativa, menos insatisfecha y mas proclive al cambio. 

Indudablemente, otros muchos mas que son victimas de la corrupción electoral del capitalismo de estado, rechazan la idea de que los partidos políticos actuales sean culpables de la decadencia de la democracia electoral. Desde luego, esa minoría, ante todo, juega al populismo. 

Otros, de buena fe, siguen albergando otras ideas anti democráticas procedentes ya directamente del relativismo constitucional de pos guerra, ya de enseñanzas del aparato de Educación , Cultura y propaganda del aparato del estado que se han incrustado en el presupuesto del populismo de estado. 

Son todavía mas graves la significación y la perniciosa naturaleza de la creencia de que el caudillismo sea el asesino de la democracia o el responsable de su muerte. Se ha establecido con toda seguridad que esta creencia predispone a la población electoral, a abrigar sentimientos hostiles hacia el populismo de estado, el conservadurismo de derechas y a no tolerar una conducta discriminatoria hacia la participación.

No obstante esta permanente situación de confusión y sufrimiento, de las opiniones que el 40 por ciento de los electores no satisfechos y que históricamente no votan, y en concreto los dominicanos tienen sobre el conservadurismo, todo el mundo debe reconocer que ha habido una considerable buena voluntad hacia el cambio por parte de muchos lideres del sistema.

Juan Bosch se sentía consternado con el populismo de estado de Joaquín Balaguer, y como el, José F. Peña Gómez. La izquierda revolucionaria considero que era una obligación enmendar sus relaciones con la derecha oligárquica, y dentro de la sociedad no están solos. 

En los partidos políticos nacionales, y en el resto de la sociedad civil pro Estados Unidos hay políticos conservadores, socialistas y liberales que han hecho mucho por establecer un nuevo orden. 

Dentro de los partidos políticos se lucha día a día por establecer un espíritu de mayor respeto hacia las mayorías y sus organizaciones comunitarias y para instituir una cooperación en materias de interés común, incluyendo grupos de dialogo franco liberal-socialista, de relaciones cívicas apropiadas y oficios religiosos comunes, por ejemplo.

De hecho, esta colaboración y esta determinación, de buena voluntad, son solo suficientemente amplias como para potenciar el advenimiento de una poderosa corriente de pensamiento político. Con la excepción de los clásicos elementos marginales, el conservadurismo de derechas esta muerto. No resucitara.

 

 

 

 

Haití, ante los mercaderes del templo

juan carlos espinal | perspectivaciudadana.com | 28-11-2008 | 

A principios de la década de 1990, la persistente negación imperial de los Estados Unidos de la legitimidad de Haití, del derecho de los haitianos, solos entre las naciones, a contar con un país propio llegó a ser demasiado embarazosa y un compromiso político demasiado grande para la propia Francia, por ejemplo, toda vez que las antiguas colonias de la periferia, así como Naciones Unidas, la OEA y otros reconocieron Haití.

Así que, a finales del siglo 20, Washington accedió a reconocer a Haití, reconocimiento que no se formularía hasta avanzado el siglo 21, con el golpe de Estado a Jean B. Arístides, primero, la invasión militar conjunta, segundo, y con el intercambio de embajadores, después.

Por lo que se refiere a este Holocausto caribeño del siglo 21, persiste una cuestión de mayor calado. ¿Qué es lo que oculta Estados Unidos? ¿Quién podría creer que los soldados brasileños, los soldados argentinos, los soldados chilenos y los soldados uruguayos contemporáneos pudiesen contemplar el saqueo y la explotación capitalista de otro modo, en pleno siglo 21, como uno de los mayores crímenes de la humanidad?

Estados Unidos sigue cultivando su vieja tendencia de debilitar a la OEA interviniendo la isla la Española.

El vano intento del capitalismo occidental, de al menos en parte, incorporar a Haití a su propia filosofía de vida, adopta diversas formas: A) La invención de falsas víctimas. B) La retórica imperial del Estado fallido. C) La apropiación del sufrimiento Haitiano.

El imperialismo norteamericano puso a Haití en la senda de la democracia occidental con el falso pretexto de que se trataba de un problema de narco Estado, una colonia de ultra mar a consecuencia de su condición marítima. El balance público de Washington en el Caribe, junto con su ansiada y tan anticipada admisión de algunos trasiegos de armas en la frontera dominico-haitiana, la falsa propaganda de la esclavitud de los pobladores del Este de la isla y la de algunos errores militares del Ejército Nacional dominicano, por ejemplo, convierten a Haití en co-víctima de la Unión Europea y de la intelectualidad de su sociedad civil, junto con los haitianos.

La Unión Europea aplaude falsamente a los nacionalistas dominicanos de derechas, por ejemplo, más como auxiliadores que como perseguidores de los haitianos. Al tiempo que hace un llamado al Hemisferio Occidental para que detengan la retórica del anti haitianismo, exhorta a los nacionalistas de derechas para que detengan su racismo; exhorta a los haitianos nacionalistas de la oligarquía a poner punto final a su discurso sobre la indivisibilidad de la isla y primitivismo esclavista , como si el histórico anti haitianismo de los nacionalistas dominicanos de derechas y la violencia imperial no hubiesen sido más que el reverso de una análoga persecución anti cristiana por parte del imperialismo.

Dado que estas valoraciones son profundamente ofensivas para muchos nacionalistas de la oligarquía dominicana, intelectuales supervivientes y no supervivientes de la dictadura, y dado que está claro que varios de estos casos de polarización radical del discurso son dudosos, incluso conforme al derecho internacional, ¿Por qué insiste en ello los Estados Unidos?

Estados Unidos practica una política de presentarse como una especie de víctima, cosa que en realidad no fue. Los haitianos eran ideológicamente anti imperialistas y, si hubieran derrotado al occidente colonial hispánico del Este, habrían arremetido contra España y la habrían destruido.

Ahora bien, Estados Unidos no entendió este aspecto histórico- cultural del pueblo haitiano, de modo que buena parte de los ejércitos secesionistas antes de la guerra de independencia de los Estados Unidos y durante ella, fue más colaboradora que víctima de Haití. 

El intento de Estados Unidos de presentarse en pie de igualdad con la Unión Europea, por ejemplo, contribuye, por consiguiente, a su política de blanqueo de su pasado, que no sólo requiere la falaz defensa del capitalismo sino también la transustanciación de esta para transformarlo de perpetrador de crímenes en santo. 

Simbólicamente, la actuación más atroz de Francia, por ejemplo, fue la guerra colonial esclavista desatada en el siglo 17, de implantar el capitalismo a costa del exterminio humano. Con su manejo de este incidente, Francia, con toda su culpabilidad histórica, incluida la persecución asesina, escenificó una parodia moral: en la sepultura de millones de haitianos, se empeñó en erigir el símbolo de la esclavitud, que con independencia de todo lo que signifique además para Estados Unidos habrá sido empleado durante siglos para denigrar y perseguir a los haitianos como no conversos al capitalismo occidental. 

El escritor Manuel Núñez está en lo cierto al afirmar que: “Redimir Haití, utilizar el capitalismo dominicano para negar del antiguo odio nacional socialista, en la preparación del terreno para el Holocausto, podría tener otro efecto que el de rebajar la abrumadora presencia haitiana en Santo Domingo…” 

Con semejantes justificaciones ideológicas Estados Unidos ha pretendido apropiarse de esta colosal catástrofe europea sufrida por el pueblo haitiano al que había perseguido, cual si de un ataque contra ellos mismos se tratase.

Cuando se desató la protesta de los patriotas revolucionarios haitianos del mundo entero, Estados Unidos no reaccionó pidiendo perdón ni eliminando inmediatamente el Estado colonial y el símbolo haitiano ofensivos. Antes bien, reaccionó con pies de plomo, disimulo, promesas de inversión rotas e incluso, en ocasiones, con vehementes ataques a República Dominicana, incluidos a sus históricos aliados de la oligarquía azucarera. 

El congresista Pelegrín Castillo, FNP-PLD, por ejemplo, principal representante político del nacionalismo de derechas en este asunto, dice ser un patriota dominicanista.

¿Cómo habríamos de confiar en que Washington y el G-7, conjuntamente con el capitalismo financiero internacional representado por el FMI y el Banco Mundial abordaran los asuntos más apremiantes relativos al Holocausto en Haití y a los dominicanos en general? ¿Qué pasa con Haití?

 

 

 

 

Los medios: crisis del capitalismo de la información

Juan Carlos Espinal | perspectivaciudadana.com | 25-11-2008 | 

Directa e indirectamente, las escuelas de periodismo, Educación y Cultura y propaganda del Estado, por ejemplo, han cometido un error contra la sociedad toda, han dañado y a veces destruido su buena fama. Es un imperativo social que las escuelas de periodismo, Educación y Cultura y propaganda del Estado se restablezcan. 

Ello exigiría que el Estado y las universidades movilizaran sus ingentes recursos institucionales, culturales y educativos a favor de una vigorosa campaña orientada a la reeducación de todo el magisterio y a la educación de los bachilleres en la historia de la propagación estatal y privada de la censura y los horrores adicionales a los que este condujo.

Podían empezar, desde luego, por diseñar programas oficiales con este fin para sus relaciones públicas, sus escuelas y seminarios, y por exigir que estos se enseñasen en sus instituciones educativas y de propaganda repartidas por toda la geografía nacional. Tendrían que hacer de este esfuerzo una misión capital. El Estado, por ejemplo, también debería explicar que fue la institución que sirvió de principal fuente de libelos plagados de odio sobre la sociedad, y debería hacerlo por que la mayoría de los comunicadores sociales ignoran estos hechos.

El aparato de Educación, Cultura y propaganda del Estado tendría que enseñar también en sus publicaciones, espacios pagados, sermones y en sus escuelas que los prejuicios políticos y económicos han sido el mayor error de la publicidad de los gobiernos de pos guerra. 

No debería hacerse ilusiones de que impartir el mensaje de propaganda política a sus fieles una sola vez o en unas cuantas ocasiones habría de servir para borrar lo que para mucha gente racional supone un prejuicio profundamente arraigado. Las pruebas de la necesidad de tal misión se hallan por doquier. 

Por supuesto, desde 1930 el periodismo de propaganda e información clasificada ha descendido marcadamente entre la audiencia y el mercado. Los horrores de pos guerra contribuyeron a disipar ese odio antiguo y letal contra la sociedad e impusieron un poderoso tabú contra su recrudecimiento.

Un acontecimiento decisivo durante la época del terrorismo de Estado de pos guerra fue el relativo amansamiento del periodismo liberal: el que existe actualmente en el capitalismo de la información es mucho menos feroz y sutil, menos violento en su contenido y en una mayoría abrumadora no es partidario del exterminio de periodistas, por ejemplo.

No obstante, la virtual desaparición del terrorismo de Estado, 1930 – 1978, de la esfera pública en dominicana, que lleva ya varias décadas desde Jesús de Galindez hasta Orlando Martínez y otros, resultó ser en parte una ilusión.

Hay una buena medida de periodismo amarillista en hibernación.

Hoy en día prospera por las redacciones de los periódicos, incluso en las cabinas de radio y en los estudios de televisión en los cuales las investigaciones y los artículos de opinión casi han desaparecido. En el periodismo de televisión persiste con enorme tenacidad. En la radio, medio predominantemente estatal, ha resurgido el periodismo liberal después de haber sido prohibido por los regímenes autoritarios.

La comunicación social ha asistido en los últimos años a un rebrote sustantivo en sus manifestaciones, el periodismo digital, por ejemplo. Entre los comunicadores sociales son palmarios los testimonios de la persistente y directa responsabilidad del capitalismo de la información en la generación de la auto censura.

Entre los comunicadores sociales, cuanto mayor es su dependencia de los patronos, cuanto mayor es su religiosidad política o corporativa, más propensa es la censura. En otras palabras, a pesar de las numerosas excepciones, cuanto más se orientan los comunicadores hacia la democratización de los medios y de la información, y cuanto más informa dicho periodismo sus cosmovisiones, mayores suelen ser sus obstáculos y su hostilidad hacia el periodismo de concentración, o su sentimiento de hallarse amenazados por estos.

El periodismo dominicano ha experimentado el retorno de los demonios que había reprimido. Estos no han reaparecido en toda su desnudez tradicional, desvergonzada y a menudo exhibicionista, pero muchas veces se disfraza de agentes al servicio de los poderosos, como condena de la comunicación eficaz con respecto a los objetores de conciencia. 

Es indudablemente cierto que muchos de los que critican la conducta del capitalismo de la información y la de los intelectuales domesticados por participar en los medios de comunicación no tienen mala voluntad hacia la democracia en tanto que demócratas. Pero muchos otros revelan, por el tono y el contenido de sus condenas y denuncias, una antipatía hacia el nuevo periodismo liberal del siglo 21. Aun velada y no reconocida, la censura y la auto censura llevan las marcas visibles del antiguo periodismo. 

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